Inquietudes sobre la medicina chilena de hoy, el sobrepeso y la obesidad y el cáncer. Segunda parte

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Rolando Chateauneuf, Ing. Agrónomo y socio de CONADECUS

En título del artículo anterior, primera parte, hice mención de parte del contenido del éste nuevo, que contiene algo más, entre ello sobre el cáncer.

Problemas importantes enfrenta la salud en Chile; cabe destacar los de la medicina curativa, el sobrepeso y la obesidad y los cánceres. Los dos últimos muy relacionados con la alimentación.

Pretendo referirme en especial a los dos últimos.

Brevemente me referiré a la medicina curativa actual.

Sin duda que lo más grave es la atención de esta medicina para amplios sectores de la población. El largo tiempo de espera para ser atendido en los casos de urgencia y las demoras en efectuar especialmente las cirugías, muchas veces asociadas a postergaciones; los hospitales públicos y los consultorios y postas no dan abasto y las carencias de personal se hacen sentir, en particular de especialistas.

Contrasta esa realidad con las clínicas privadas, en gran expansión, con excelentes equipos humanos y materiales, que beneficia a los sectores más pudientes.

Sin duda Chile es un país de grandes contrastes y de enormes desigualdades.

Yo soy crítico del llamado AUGE, que se preocupa más de la enfermedad que del enfermo; feliz y rápido para atender la enfermedad incorporada a él con obligaciones de pronta atención e infelicidad, carestía y postergaciones para el paciente que sufre de una enfermedad no contemplada en el AUGE. Un amigo profesional de la salud me comentaba frente a lo anterior que a menudo los médicos dan un diagnóstico no verdadero para que el paciente pueda ser cubierto por los beneficios del AUGE; sin duda es una actitud humanitaria.

Lamentablemente el que fuera el gran hospital universitario de la Universidad de Chile, el José Joaquín Aguirre, ha perdido muchas de las características que debe tener el un establecimiento hospitalario de esa naturaleza, en lo que debe ser la cúspide de la pirámide estructural de los establecimientos de salud. Ello se ha generado especialmente por sus problemas de financiamiento.

En mi opinión gran daño se le hizo a la Universidad de Chile, a su satisfactorio y creciente financiamiento del pasado que provenía de disposiciones legales específicas que le daban amplios recursos en expansión para cumplir sus funciones de una auténtica universidad nacional y pública, con sus responsabilidades autónomas de educación, investigación, extensión y creación artística. Servía especialmente a los grandes intereses de la sociedad nacional y no los de sectores específicos que como hoy contribuyen financieramente a la universidad, para que ella actúe con bajo costo para sus propios intereses minoritarios.

El neoliberalismo y el monetarismo impuesto en la Constitución de 1980, eliminó los financiamientos por leyes especiales, salvo los aportes de CODELCO a las fuerzas armadas que aún perduran. Además transformó a la Universidad de Chile en una más bien universidad regional, universidad preferentemente para la Región Metropolitana; perdió todas sus antiguas sedes provinciales.

El cambio de la educación universitaria gratuita a la pagada, ha alterado el comportamiento de muchos de los nuevos profesionales, que egresan endeudados y que se sienten sin mayormente comprometidos con la sociedad chilena. Cuántos de los mejores especialistas hoy están en las clínicas privadas.

Ya hice mención en el artículo anterior del hospital universitario de la Chile, su Escuela de Salud Pública, de sus grandes académicos del pasado como los hermanos Jorge y Francisco Mardones Restad y Fernando Monckeberg que tanto aportaron a la salud pública chilena y desde luego a la educación, investigación y extensión en el campo de la salud.

Los excesos de peso y los cánceres son grandes problemas que enfrenta la salud de nuestra población, problemas que se agudizan a través de los años. Problemas que están también interrelacionados. Los primeros son unas de las causales importantes del cáncer y especialmente contribuyen al debilitamiento del sistema inmunológico y desde luego. a otra gama importantes de enfermedades de alta morbilidad y mortalidad.

Algo sobre peso excesivo causas

No hace mucho comenté en un artículo anterior el tema del sobrepeso y la obesidad en niños en el nivel escolar; esta triste realidad se extiende a otros estratos etáreos. Se sabe que los excesos de peso en la niñez, aunque después se corrijan en cierto grado en la juventud, genera predisposición a retornar fácilmente en la edad madura.

Dos causas son las más importantes de los pesos excesivos: la mala alimentación y el sedentarismo.

La deficiente actividad física merece más atención. Las generaciones mayores fueron en su niñez y juventud muchos más activos; se hacía mucho deporte especialmente futbol. Había mayor disponibilidad de canchas deportivas, terrenos urbanos transitoriamente disponibles y los potreros donde incorporarse al deporte; se disponía de muchos clubes deportivos de barrios, de calles o de poblaciones. Era visible a menudo ver cómo se jugaba incluso en potreros, plazas y calles, a veces tardes enteras; hasta se llegaba a hacerlo con “las pelotas de trapo”. Las pelotas de futbol normales eran relativamente caras, especialmente si se comparaban con los ingresos familiares; pocos disponían de una pelota de futbol y lo importante que era tener en el grupo alguien que la prestara.

Recuerdo de niño como sudábamos cuando por a veces varias horas practicábamos en “pichangas de barrio” y como tomábamos agua cuando terminábamos nuestros encuentros. Me recuerdo del liceo, cómo jugábamos al futbol antes de entrar a clase o en los recreos y cómo corríamos después a tomar agua en los abundantes bebederos que disponíamos. Sin duda eso contribuía a que fuéramos delgados; en los cursos muy poco tenían sobrepeso o eran “gordos”. Esa condición les generaba el sobrenombre del “gordo” o del “guatón” del curso.

Hoy muy poco se toma agua pura, a pesar que se sabe y se recomienda, con débil divulgación, la conveniencia de beber diariamente unos dos litros de ella y parte importante en ayunas.

Tenemos un gran vacío en la salud pública chilena en estas materias y en el tema de la alimentación.Importante ha sido la legislación del etiquetado de los alimentos, que lamentablemente ha omitido la mención de contenidos de transgénicos.

Muchos vacíos y discontinuidades se han ido presentando en las recomendaciones alimentarias y en otras relacionadas con la lucha contra los excesos de peso.

Falta en esto una política que pudiéramos decir de Estado, continuada y perfeccionada a través de los años y menos dependientes de equipos humanos cambiantes por los nuevos gobiernos de turno. Muy buenas políticas tuvimos en el pasado con la lucha contra la desnutrición. Muy positivo fue el Programa Nacional de Alimentación Complementaria, tan útil en el reforzamiento de la salud preventiva, y tan beneficiosa en la prevención de las enfermedades, en su capacidad de amplias coberturas y en evitar que se genere con la enfermedad el daño humano. Cómo ello ha contribuido al bajar costos, al evitar enfermedades.

Poco se conoce como medir o apreciar el sobrepeso y la obesidad, para una autovigilancia individual o familiar. Importante es el Índice de Masa Corporal(IMC), que todos debieran saber medirlo y que se conozca bien sus significado. Menos se conoce de la tan nefasta obesidad abdominal de más reciente conocimiento; casi nada se ha divulgado de cuáles son sus valores deseados y cómo ser medida.

Ha habido importantes iniciativas discontinuadas por una mejor alimentación. Por ejemplo se tuvo un intenso esfuerzo temporal por el fomento al consumo de las cinco porciones diarias de verduras y frutas; desgraciadamente apareció en parte como relacionado a intereses de una red específica de supermercados.

Importante que existan recursos fiscales para estos fines, que den mayor confianza a las recomendaciones y desde luego que éstas sean continuadas y perfeccionadas.

En estas materias de promoción es muy importante incorporarlas al sistema educacional formal, con recomendaciones muy concretas, que sean divulgadas similarmente por los dos grandes sistemas, el de salud y el educacional. Igualmente debiera establecerse su divulgación oficial por los medios masivos de comunicación.

A mi juicio muy débil es el fomento del consumo de los dos litros de agua pura, de sus ventajas y formas de divulgarlo. Debiera establecerse que en todos los restaurantes, a penas llegue el cliente, se le sirva un vaso de agua; ello contribuye a menor consumo de bebidas gaseosas y/o azucadaras, y a contribuir reforzar el debilitado hábito de tomar más agua natural.

Un tema muy poco atendido es el de la alimentación y cáncer.

Hay alimentos que estimulan al cáncer como son especialmente la azúcar refinada y las harinas refinadas de cereales y sus derivados como el pan blanco. También lo son las grasas animales.

Desgraciadamente pocos están informados de estos conocimientos, incluso en profesionales y técnicos de la salud.

En sectores de mayores ingresos se ha ido tomando conocimiento de ello y ha aumentado la demanda de la llamada azúcar rubia y de los panes integrales. Como también el mayor consumo de verduras y frutas; facilitado esto por las disponibilidades financieras de esta familias.

Se debiera consumir azúcar rubia o azúcar sin refinar y derivados de harinas integrales de cereales. Poco o casi nada de ello se divulga.

Cada día se encuentra más de estos productos en los mercados, especialmente en sectores de mayores ingresos que van siendo mejor informados de sus cualidades; desgraciadamente los precios son injustificablemente más caros que los de los productos refinados que tienen costos de producción mayores. En estos sectores se hace menos presente los excesos de peso.

Me parece grave y en cierto modo increíble, por ejemplo, que la azúcar llamada rubia tenga un precio el doble o el triple del de la azúcar blanca o refinada.

La azúcar rubia puede provenir de dos procesos, el inicial de la obtención del azúcar en el que se omite la refinación, llamada comercialmente en el mercado internacional como azúcar cruda, la que tiene un costo de producción más bajo e internacionalmente un precio sensiblemente menor; el otro proceso es el que se utiliza actualmente en Chile, se la obtiene a partir de la azúcar refinada a la que se le agregan las que podríamos llamar las impurezas que se sacaron en la refinación. Sin duda que este último proceso encarece su costo, pero en ningún caso para duplicarlo o triplicarlo.

Esta azúcar rubia actual ha pasado a ser prácticamente un producto suntuario, con alto margen de ganancia en sus elaboradores y comercializadores.

Los que tenemos más años nos acordamos de la antigua “azúcar negra” o “rubia”, también llamada “azúcar sindicato” que se les daba a los obreros en las industrias y también la adquirían las familias de menores ingresos.

En esos años nos abastecíamos de azúcar cruda importada que eran refinadas en dos importantes fábricas, las refinerías de Viña del Mar y de Penco.

Posteriormente se nos hizo presente la azúcar de remolacha, desde mediados del siglo XX, cuyo cultivo fue estimulado por el Estado y su azúcar fue elaborada por la antigua Industria Azucarera Nacional (IANSA), empresa estatal; hoy pertenece al sector privado. Esta producción industrial de la rubia también puede ser producida a partir de la remolacha.

Otra azúcar hoy recomendada es la conocida en el exterior llamada “panela”, proveniente de la agricultura campesina mediante la concentración y parcial cristalización del jugo de la caña de azúcar hechas en las mismas zonas rurales.

Actualmente debiera abastecerse el mercado de azúcar sin refinar, ya sea la importada como cruda o la industrializada de la remolacha con un proceso que omita la refinación.

Sería con seguridad de menor costo y menor precio.

El pan integral de trigo está entrando rápidamente en el mercado; se inició como pan empaquetado y más recientemente tenemos además a granel en las formas más tradicionales como las hallullas y las marraquetas. Sus precios de ventas son algo superior a los panes blancos; sus costos debieran ser inferiores porque incluyen antiguos componentes de bajo precio como los llamados afrecho, afrechillo y arenillas.

He tenido la oportunidad de adquirir de esos panes integrales, especialmente de marraquetas, de muy buena calidad, de buen sabor. Este tipo de pan integral era muy usado en el pasado en el sector rural, eran las llamadas galletas (hechas de harina integral).

El Estado debiera fomentar estos consumos por sus grandes cualidades nutricionales que desplazan alimentos cancerígenos, que son valiosos alimentos para las células cancerígenas como está probado lo son la azúcar blanca y los derivados de harinas refinadas de cereales, especialmente el pan blanco.

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El tema de las bebidas gaseosas merece mención especial

El consumo de bebidas gaseosa era bastante menor en el siglo pasado, con menos variedades y marcas.

Recuerdo en los años de los cuarenta aparece la Coca Cola en Chile. En el liceo donde cursaba entonces mis humanidades, en un colegio religioso de La Cisterna, un día nos llevamos la sorpresa que a nuestro gran patio de recreo llegó un modelo de camión de distribución con caracteres muy propios, de color amarillo, cargado de atractivas botellas de Coca Cola, las que nos fueron ofrecidas gratuitamente. Buena estrategia para generar demanda y promover su consumo.

Después han aparecido otras bebidas llamadas colas, con fuertes competencias, las que sirven para aumentar sus consumos.

Hoy vemos un rojo bus con destacados letreros con el nombre de esta bebida que traslada a nuestro seleccionado de futbol, observado no sólo en tierra sino que también por la televisión; además la roja camiseta de nuestro seleccionado porta vistosamente la marca Coca Cola. El deporte actual es lamentablemente una fuente de fomento de las bebidas gaseosas, tan culpable del sobrepeso nacional y de otros males.

Desgraciadamente ahora es más importante el futbol de tribuna o el de televisión; qué distinto era la practica de este deporte cuando era masivo en la niñez, juventud e incluso en adultos chilenos.

Por otra parte la televisión y el Internet con sus juegos sedentarios llenan mucho los espacios de tiempo que antes se dedicaban al deporte de campo.

Debemos saber y divulgar que cada vez hay más conciencia científica de la relación de los excesos de peso con sus consecuencias negativas en la salud; su contribución  a muchas enfermedades y entre ellas a los cánceres. Bastante se ha avanzado en el caso del fomento a dejar de fumar, incluso con disposiciones legales que cada vez más lo restringen. Contrasta eso a como enfrentamos los expansivos excesos de peso.

Desgraciadamente carece Chile de buenas políticas públicas nacionales de promoción de conocimientos y de recomendaciones relacionadas con la alimentación y la salud y desde luego con los daños que generan los excesos de peso y las formas de prevenirlos y enfrentarlos.

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Fuente: CONADECUS

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